Obituario a la Dra. Betty A. Reardon, una educadora y luchadora para la paz excepcional

Por Úrsula Oswald-Spring, México

Betty A. Reardon fue una fundadora en el campo de la investigación para la paz y una científica internacionalmente celebrada, que falleció el 3 de noviembre, 2023 a los 94 años. Fue una feminista convencida y como hija de un padre militar entendió desde su muy temprano edad que la guerra estaba relacionada con el patriarcado y la violencia contra mujeres, grupos vulnerables, pobres y de otras razas y credos políticos. Además de investigadora fue una activista para la paz, donde fuimos co-fundadoras de la Coordinación Académica en el Llamado por la Paz en La Haya. Betty Reardon organizó en Nueva York la Reunión para establecer una lista de Mujeres Profesionales Destacadas en el Sur Global para que las dependencias de la ONU u universidades del Norte Global contaban con perfiles profesionales de especialistas provenientes de los países en proceso de desarrollo. Era dar voz a las mujeres del Sur Global que anteriormente habían sido ignoradas en cargos internacionales y en proyectos de investigación.

En abril 2023, a raíz de la fundación de los 50 años de la Comisión para la Paz (PEC en inglés) de la Asociación Internacional de Investigación para la Paz (IPRA), fue entrevistada por su entonces Secretario General de IPRA, Matt Meyer y la ahora coordinadora del PEC, Candice Carter. Esta Comisión de Educación dentro de IPRA tuvo siempre el mayor número de participantes en las Conferencias Mundiales de IPRA y elaboró además una revista propia, donde se discutían los temas actuales de la educación para la paz y las metodologías más adecuados en los contextos culturales muy diversos. Betty A. Reardon fue profundamente influenciada por la pedagogía del oprimido del brasileiro Paulo Freire y entendió que sólo mediante el entendimiento de las condiciones de violencia y de la pobreza desde abajo se podían empoderar a mujeres, hombres y niños en el Sur Global para liberarse de abajo de la opresión estructural a la cual estaba expuesta esta población.

Continuaba hasta su fallecimiento a publicar artículos y pensamiento, donde Tony Jenkins fue un colaborador asiduo. Sus trabajos científicos se publicaban con muchas mujeres y hombres de todo el mundo. Detacan  entre otros múltiples feministas como Prisilla Griffith, Margreth Carter, Ruth Davis, Barbara Munske, Hillary Cremin, Eva Nordland, Jennifer Turpin, Lois Ann Lorentzen, Saana Osseiran, Ingebord Breines, Dorota Gieryz, Asha Hans, Margarita Sánchez, Elena Diez, Úrsula Oswald, Christine Sylvester, Claudia Brunner, Josphine Scherling y Alicia Cabezuda, así como comprometidos hombres para la paz como Dale Snauwaert, Magnus Haavelsrud, Saul Mendolvitz, Gerald Thorpe, Jack Fraenkel, Colby Curtis, John Scott, Sam Totten, Willard Jacobson, Paul Smoker, James Tierney, Douglas Sloan, Unku Aziz, Chad Alger, Robert Johansen, Richard Falk, Ali Mazrui, John Anthony, Samuel Kim, Mado Speigler, Anthony Jenkins, Peter Trifonas, Bryan Wright, entre mucha/os investigadores más.

Durante la pandemia de la COVID-19 en 2020 tuve con Betty Reardon un intercambio intelectual muy rico, donde salió una publicación entre patriarcado y la conexión con el virus Corona. Globalmente, el modelo mundial de control fallaba no sólo en atender a grupos importantes de personas de color, latinos y pobres en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Fallecieron prematuramente millones de personas por falta de cuidado, medicinas y vacunas. Entendimos que es la economía del cuidado de las mujeres que hizo visibles los temas de raza, etnia, pobreza y falta de servicios de salud adecuados en todo el mundo, incluidos los países industrializados. Fueron también los países liderados por mujeres, donde se manejó mejor la pandemia y hubo menos daños socioeconómicos y de salud. Fueron demás las mujeres obres quienes con su economía de regalo ofrecieron el apoyo social psicológico y de salud necesario en estos tiempos difíciles para recuperarse de una pandemia desconocida. En esta fase del análisis quedó claro para Betty Reardon que el cambio climático y la destrucción del entorno natural eran co-causantes de esta pandemia y del virus zontico.

Betty A. Reardon fue durante décadas una representante de IPRA ante las Naciones Unidas y trabajó arduamente en la elaboración de la Resolución 1325. Posteriormente, colaboró anualmente en la vigilancia del plan de acción, las fallas en la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad de los estados miembros. Presionó en la urgencia de elaborar planes nacionales, donde las mujeres desde abajo podían proponer sus necesidades urgentes e incumplidas. Ella trabajó sistemáticamente en América Latina con el Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (CLAIP), desde que los regímenes militares habían desaparecido a jóvenes, especialmente a mujeres embarazadas quienes fueron después del parto asesinadas y sus bebés recién nacidos entregados a aliados políticos de estos regímenes militares. Fue una ferviente defensora de las ‘Madres de la Plaza de Mayo” y ayudó a las abuelas a recuperar sus nieta/os perdida/os. Se involucró además en la violencia de género en múltiples países africanos y asiáticos, cuando los cuerpos de las mujeres fueron convertidos en campos de batalla, donde tampoco los países de la Ex-Yugoslavia se habían liberado de estas prácticas patriarcales violentas y denigrantes.

Cuando Estados Unidos se retiró precipitadamente de Afganistán, Betty Reardon lucho desde el inicio en su país para proteger a mujeres y cuando el Talibán abandonó a las mujeres profesionistas, investigadoras y educadoras, movilizó la sociedad civil y el Congreso norteamericano para otorgar apoyo a las víctimas y en casos necesarios visas para que estas mujeres amenazadas en su vida y su integridad pudieran salir del país. Su filosofía y sus acciones eran siempre orientadas hacia las y los vulnerables, promoviendo una paz estable. Exploraba múltiples estrategias para transformar el sistema global de seguridad ante los conflictos emergentes y endémicos, que afectaban a la seguridad humana y el bienestar de millones de personas. Durante seis décadas Betty Reardon luchó y publicó propuestas de educación para la paz para “aprender a desarmar”. Fueron conceptos normativos, pero también acciones elementales que enriquecieron sus pensamientos y guiaron sus acciones hacia un mundo alternativo.

Como campaña global de abolir la guerra y transformar la paz en un derecho humano, durante en el Llamamiento de La Haya por la Paz en 1999, colaboró en reunir con otros organizadoras miles de personas, incluidos monjes budistas, para recordar hace 100 antes el llamado de la Cruz Roja Internacional de convertir en Derecho Internacional Humanitario (DIH) en la Convención de Ginebra la protección de los presos y así humanizar parcialmente a la guerra con protocolos específicos. En el Llamamiento de 1999 se trató de crear consciencia para abolir la guerra como inhumana. Con Cora Weiss y otra/os colegas luchó además desde 1982 en la abolición de las armas nucleares y cuestionó la legalidad de arrojar armas destructoras sobre ciudadanos civiles. Propuso una ley internacional que prohibiera en adelante el uso de estas armas de destrucción masiva y en particular, el uso contra la población inocente. Organizó y participó en múltiples denuncias contra armas de destrucción masiva y en 2018 revisó sistemáticamente sus publicaciones para desarrollar nuevas pedagogías de investigación para la paz y conciliación de conflictos, capaces de superar las guerras emergentes y prevenir conflictos nuevos.

Publicó el día de la conmemoración del fin de la Primera Guerra Mundial (11 de noviembre, 1918), un artículo sobre la consolidación de la paz (peacekeeping) como una alternativa al existente Orden Mundial, donde propuso conceptos alternativos a la seguridad militar, lo que Elise Boulding, otra distinguida colega de IPRA, llamó un mundo sin armas. Betty Reardon insistió en que las y los ciudadana/os tenían que tomar más participación directa en la construcción de un mundo pacífico, donde a partir de su cátedra en el Teacher College de la Universidad de Columbia en Nueva York, fundó el Instituto Internacional de Enseñanza para la Paz. Además, fue Secretario Ejecutivo del Consejo Mundial de Curricula e Instrucción, Directora de Programas Escolares y del Instituto para un Orden Mundial. Fue Directora Asociada del Liderazgo y Sociedad Mundial (LAWS en inglés), colaboró intensamente con la UNESCO en el Año Internacional de la Cultura de Paz y en la Década de Cultura de Paz aprobada por los miembros de la Asamblea de la ONU. La paz no era sólo la ausencia de conflictos armados (paz negativa), sino un estado integral de justicia, igualdad, equidad, cooperación y respeto mutuo entre todas las razas, etnias, credos religiosos y políticas, con énfasis especial en la participación femenina para crear una cultura de convivencia armoniosa y justa. Durante la Década de Cultura de Paz, organizó múltiples encuentros internacionales para destacar los roles destacados de las mujeres en los procesos de paz. Mencionó y apoyó a la Presidenta de Liberia Ellen Johnson Sirleaf, quien venció en 2005 con una campaña en los mercados y entre las mujeres afectadas por crímenes de guerra de Charles Taylor, al exfutbolista George Weah, propuesto por los organismos de Bretton Wood y el capital internacional.

La vida entera y los pensamientos brillantes de Betty Reardon fueron siempre orientados hacia un mundo alternativo sin violencia, con igualdad de género y respeto de las minorías étnicas, por lo que fue propuesta a múltiples premios entre los que destacan el Pomerance por sus esfuerzos en el desarme dentro de la ONU, una mención honorífico en el premio de la UNESCO por la Paz, El Balón de Oro por su Educación de la Asociación Internacional de la Niñez, en la International Study Association (ISA) en el área de Paz y Justicia, el Jane Adam de activista para la paz y en 2005 fue nominado colectivamente con otras 1000 mujeres para el Premio Nobel de Paz, entre muchas otras distinciones.

La vida y las ocupaciones científico-sociales de Betty Reardon fueron siempre muy cera de los grupos sociales marginales, de las mujeres no-blancas discriminadas y de los grupos sociales afectados por la violencia y las guerras. Inspirada en 1948 en la política de Costa Rica, cuando el país suprimió las fuerzas armadas y transferí los recursos financieros a la educación, dedicó su vida a la educación para la paz y la noviolencia. Colaboró con mucha/os educadores y universitaria/os, incluido el establecimiento de la Universidad para la Paz, el 5 de diciembre de 1980, una institución académica dependiente de la Asamblea General de la ONU, creada mediante la Resolución A/35-35 en Ciudad Colón, Costa Rica que continúa educando a jóvenes en la paz como una utopía alternativa.

Nos acompañó durante más de 40 años en la consolidación del Consejo Latinoamericano de Investigación para la Paz (CLAIP), participó activamente en sugerencias cómo alcanzar mayor justicia, igualdad y cooperación en la región más desigual del mundo. En todos sus pensamientos vinculaban sus propuestas con el involucramiento de las mujeres, ya que ellas desde el conocimiento femenino de la discriminación vivida a diario en sus quehaceres cotidianos entendían directamente las necesidades de la paz y la superación del patriarcado en la política y sus vidas personales. Era no sólo una luchadora comprometida por un mundo alternativo sin guerra, armas y explotación, sino hasta el fin de la vida fue muy sensible ante los problemas emergentes. Durante la pandemia de 2020 publicamos juntas un artículo sobre las complejidades del cambio climático y la pandemia. Con la Campaña Global de una Educación para la Paz (Global Campaign for Peace Education, https://www.peace-ed-campaign.org) publicó y luchó incansablemente por un mundo alternativo, donde Tony Jenkins la apoyó de manera destacada.

Hemos perdido el 3 de noviembre del presente una de las mujeres más destacadas y una educadora para la paz creativa y audaz, quien ha dedicado su vida entera a impulsar un mundo alternativo, donde todas y todos los seres humanos y la Pacha Mama tengan la posibilidad de vivir y desarrollarse. En nuestro duelo no nos queda más que retomar sus múltiples propuestas para una paz integral, una seguridad alternativa, un mundo sin armas y la abolición de la guerra. Seguiremos trabajando comprometida/os en el CLAIP en su legado y sus acciones para encontrar una nueva normalidad a partir de una economía del cuidado desde abajo, donde todas y todos participaremos en la restauración de un planeta sustentable con igualdad de género y lleno de amor.

 

 

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